“NO A LA LEGALIZACION DE LAS DROGAS” POR RAMON BLAS COTA MEZA
“NO A LA LEGALIZACION DE LAS DROGAS” POR RAMON BLAS COTA MEZA
La publicidad intelectual por la legalización de las drogas refleja una idea plebeya de la libertad: una imitación del ideal aristocrático de libertad sin restricciones. Contra eso, la libertad individual debe ser balanceada con el imperativo de cohesión social.
Ramón Cota Meza
Para evitar malentendidos diré que no estoy en contra de que otros consuman drogas. No soy chiva. Yo mismo consumí mariguana en una etapa de mi vida. Any longer. También he visto gente arruinada o muerta por drogas, así que no hablo de oídas ni a partir del prejuicio. Por eso me resulta difícil entender el empeño en legalizarlas por gente con responsabilidad intelectual pública. O no saben de lo que hablan, o son irresponsables, o asumen una idea disolvente de la libertad, o todo eso junto.
Cada quien es libre de gozar o arruinar su vida como quiera, pero el Estado no tiene porqué facilitarle los medios. He escuchado a gente culta afirmar que el Estado, al prohibir las drogas, obstruye la libertad y “corta las alas del deseo”. Para su desgracia, el Estado no está para satisfacer deseos. Los deseos pertenecen a la esfera más íntima del individuo. Cada cual los satisface a su cuenta y riesgo. Como dicen los chinos: “Cuidado con tus deseos, no se te vayan a cumplir”.
El Estado no tiene porqué fomentar conductas que socavan la integridad física y psíquica de las personas, disuelven familias y debilitan la cohesión social. Hay quienes afirman: “Yo consumo drogas, estoy entero y cumplo mis obligaciones”. No es el caso de muchos otros, sobre todo jóvenes, para quienes el consumo de mariguana es el inicio de consumir drogas más destructivas. Las personalidades públicas a favor de la legalización están alentando a muchos jóvenes a consumirlas.
Circula el argumento de legalizar la mariguana porque “no es dañina” o es la droga “menos dañina”. No es cierto. Su consumo asiduo debilita la memoria, el aprendizaje y la voluntad, distorsiona la percepción, dificulta pensar y resolver problemas, disminuye la capacidad de coordinación, acelera el ritmo cardiaco, provoca ansiedad, indiferencia, obsesión, paranoia y esquizofrenia, contiene 50-70% más agentes cancerígenos que el tabaco y disminuye la capacidad respiratoria y sexual. En muchos casos es adictiva.
Muchos consumidores no se percatan del daño que ocasiona porque socava gradualmente la capacidad mental para discernirlo: “No hay pedo, carnal, tú ponle”. Si estos argumentos parecen poco confiables, consulten la información científica. La página web de la National Drug Control Office del gobierno de Estados Unidos contiene toda la información científica acumulada y los enlaces correspondientes.
Por otro lado, si el consumo de drogas es asunto de salud pública y debe ser tratado como tal, su legalización debería ser decidida por el saber médico. El doctor Jesús Kumate, cuya autoridad científica es ampliamente reconocida, ha insistido en dar voz a los médicos en este debate. Es raro que los foros de discusión tengan politólogos e intelectuales acreditados como aventureros y oportunistas en lugar de médicos.
Otro argumento a favor de legalizar la mariguana es que su uso ya es legal en varios estados de la Unión Americana. ¿Cómo es posible se preguntan algunos que el consumo y la siembra de mariguana sean legales en California mientras aquí tenemos una guerra sangrienta? La verdad es que la legalización en esos estados es un arreglo que no promete durar mucho porque es altamente divisivo. Ya estamos viendo ataques a los expendios con bombas incendiarias. Y no hemos visto nada.
La Casa Blanca tiene una estrategia bien diseñada para combatir esta tendencia. Al presentar su iniciativa de ley al Congreso, Barack Obama dijo: “Estoy comprometido a equilibrar el balance de nuestros esfuerzos para controlar los problemas de drogas que azotan a nuestras comunidades. El uso de drogas pone en peligro la salud y la seguridad de todos los americanos, erosiona los recursos humanos y financieros y debilita el espíritu de muchas comunidades”.
Las metas de esta estrategia son reducir 15 por ciento en cinco años el consumo de drogas, su uso crónico, las muertes y los accidentes de automóviles por efecto de drogas, investigar los efectos de precursores (“drogas para estudiar”) en la cadena de adicciones, habilitar y obligar a los médicos a detectarlas, introducir su estudio en el currículum de las universidades y habilitar a las comunidades para informarse, detectar y combatir el consumo y tráfico de drogas. Nuestra opción es si estamos con Obama o con la órfica California.
La abogacía de personalidades intelectuales por la legalización de las drogas en nuestro medio liberal-conservador parece reflejar una idea plebeya de libertad. Idea plebeya de libertad es aquella asumida por el vulgo en imitación de la aristocracia (libertad como abolición de toda restricción a la voluntad individual), según la observación de Tocqueville sobre la transición del viejo al nuevo régimen en la Francia del siglo XVIII.
blascota@prodigy.net.mx



